Los valores y su rol fundamental en la Política

En tiempos de confusión y turbulencia, semejantes a los que se levantan en la actualidad en diferentes lugares del mundo a manera de vientos impetuosos, es común notar cómo la información sigue el ritmo vertiginoso que les resulta impuesto y, por lo tanto, desde las más diversas fuentes se colma cualquier espacio de opinión, pues los contenidos son profusos y están al alcance de cada cual, disponibles en toda clase de formatos.

Dentro de ese contexto, se vuelve recomendable, pertinente y necesario abrir espacios para la reflexión y el análisis. En aras de ilustrar más esta afirmación, hay que hacer una “pausa” que, al aprovecharla del mejor modo, aporte claridad en los procesos de toma de decisión, regresando, según corresponda, a lo que es fundamental.

Muchas áreas así lo exigen con frecuencia. Desde nuestra perspectiva, estamos seguros de que el proceder que acabamos de mencionar, debe ser connatural a la Política, como arte y ciencia y, naturalmente, en su práctica cotidiana.

Aquella, la Política, actividad que se rodeaba de honor y respetabilidad en sus orígenes, está llamada, hoy más que nunca, a recuperar las virtudes que le son propias. Guardar coherencia entre el discurso y los hechos, cualidad ésta de la mayor importancia, debe convertirse en premisa esencial mediante la cual se muestre a la sociedad el camino por el cual la dignidad y el aprecio regresen al quehacer político.

Es de lamentar que con el paso del tiempo se hubiere presentado una desfiguración de sus características positivas, conduciéndolas, poco a poco, al olvido y la desnaturalización.

Una de las principales causas de este fenómeno que, dicho sea de paso, no es exclusivo de un país en particular, sino que ha permeado todos los continentes, aunque tal vez con mayor incidencia en algunos lugares que en otros, ha sido la decisión de quienes participan y trabajan en Política, de hacer a un lado los valores que deben inspirar su trabajo en todo momento.

Véanse al respecto los siguientes tres ejemplos. Para empezar, es necesario citar la persona que, en lugar de privilegiar las pretensiones de todo el conglomerado que representa, decide con arbitrariedad fijar como prioridad número uno sus intereses individuales. No se requiere mayor explicación para concluir que esto va en contra vía de la esencia misma de la Política. Quien así quiera proceder, debería dedicarse a otros menesteres, pero no a los asuntos públicos, porque éstos demandan que lo personal siempre vaya después de lo general.

El segundo lugar, bien puede mencionarse algo que, aunque parezca obvio, cada vez resulta más olvidado: Se trata de Hacer el Trabajo. Por causa de la labor política, el pueblo ha confiado a sus representantes e instituciones una serie de actividades o tareas, si se prefiere llamarlas de otro modo. Así, pues, hay que afirmar con categoría que el ejercicio político, bien entendido y bien hecho, demanda auténtica entrega. Es una vocación real que exige disposición y actitud permanentes. Cuando este enfoque está ausente en quien se halla inmerso en ella, los resultados positivos en beneficio de la comunidad son escasos, o, en algunos eventos, inexistentes.

En tercer lugar, es pertinente resaltar el caso de quien a pesar de conocer cuál es el camino necesario que debe recorrer para alcanzar un objetivo, pretende luego “acortarlo”, tomando para esto uno o varios atajos inapropiados. Es definitivo que el éxito en la Política; que no siempre equivale a ganar alguna contienda electoral; requiere la presencia constante de estrechos y sólidos lazos entre la ciudadanía, los partidos políticos y los representantes. En tal sentido, cuando a instancias de estos últimos, principalmente, se exploran los senderos fáciles o las vías más rápidas, pretendiendo con ellos establecer o tal vez conservar tales vínculos, lo cierto es que los resultados conseguidos lejos estarán de traer consigo la satisfacción del deber cumplido o la serenidad de haber obtenido un triunfo honorable. ¿Por qué? Porque las deficiencias en el procedimiento escogido para llegar al destino, así lo pondrán en evidencia.

Ahora, es claro que con estos tres ejemplos no se pretende agotar todo el panorama, que cuenta, en realidad, con múltiples formas y posibilidades, todas ellas adaptadas a las sociedades y el contexto en el que encuentra inmersas. No obstante, puestos aquí, son de ayuda para poner el acento en tres variantes que, sin lugar a dudas, han mostrado de buena forma la verdadera problemática.

La Política, insistimos, sigue siendo una labor digna que, para colmarla de lo que eso significa y obtener el favor ciudadano, debe ser entendida, y practicada, dentro del marco que los Valores. Esa es la ruta, permanente e invariable, que no se ve afectada por el transcurso del tiempo y edades, ni por los cambios de contexto y países.

 

Por: Carlos Alberto Baena López  @Baena