Ante la adversidad, los valores y principios ofrecen solidez y permanencia

Tres sismos de gran magnitud sacudieron el suelo mexicano durante el pasado mes de septiembre. Se trata de un hecho que ha puesto a prueba desde múltiples perspectivas, la entereza y capacidad de su pueblo. Por otra parte, es inocultable que el devenir de la trágica situación ha convocado, una vez más, la solidaridad internacional.

Sin embargo, mal se haría al permitir que la gravedad de los eventos opacara la cruda realidad que en estos momentos viven otros americanos. Por ejemplo, la devastación de la que ha sido objeto Puerto Rico, junto con las naciones e islas vecinas, tras el paso de los huracanes en esta temporada 2017.

Incluso, lo que ha pasado en los últimos meses en los más variados lugares del mundo. Las históricas inundaciones en Texas y Houston; los millones de damnificados que han quedado en Asia, particularmente en Nepal, Bangladesh y la India, a causa de las intensas lluvias; o los incendios forestales que han consumido cientos de miles de hectáreas de bosques a causa de una oleada de calor calificada, en algunos países, como la más intensa de las últimas décadas.

Fenómenos de esta clase, que se repiten cada vez con mayor intensidad, ponen de manifiesto la debilidad del género humano y, muchas veces, la insuficiencia de los arreglos institucionales, sobre todo, cuando éstos no han estado en los primeros lugares de la agenda pública para los gobiernos de los lugares afectados.

Sin embargo, lo que resulta innegable es que la fuerza de la naturaleza no se puede contener con herramientas convencionales. De poco sirven cuando aquella hace evidente su vigor insospechado.

Con ocasión de esta realidad que se muestra irrebatible, múltiples cuestiones se podrían plantear. Sin embargo, en esta oportunidad sólo dos de ellas ocuparán las siguientes líneas. Una, el rol de la tecnología y las medidas preventivas y, otra, los valores y la humanidad de quienes se ven expuestos a la tragedia.

La seguridad satelital es una herramienta fundamental para evitar desastres.

Luego de los desafortunados hechos del 19 de septiembre de 1985 en Ciudad de México, que arrojaron víctimas mortales contadas por miles, fue implementado un sistema de alerta temprana el cual, al funcionar de forma adecuada, está en capacidad de hacer saber la llegada de la onda sísmica con alguna anticipación, a la comunidad que resultará afectada. Estos valiosos segundos permiten que la gente evacúe, se aperciba y disminuye el impacto en pérdidas humanas.

Si bien el mecanismo es útil, no se puede calificar de infalible, principalmente porque aún es imposible saber dónde o cuándo ocurrirá un sismo, y porque las características particulares de algunos terremotos, como el de hace unas semanas, no pueden ser detectadas oportunamente por el sistema, razón por la cual las alarmas no se activan de la forma esperada.

Es por ello que la confianza no se deposita sólo en el componente tecnológico, cuya utilidad y aporte resultan claros y positivos, sino que se acompaña por toda una serie de medidas de planeación, infraestructura, legales y humanas, aplicadas en escenarios de previsión a corto, mediano y largo plazo. De su correcto proceso de diseño e implementación también depende que muchas vidas se salven y que los daños materiales sean menores.

Sistemas de monitoreo de tormentas, deslaves provocados y controlados, medición de los niveles de caudal en los ríos, fortalecimiento del marco regulatorio que autoriza la construcción de inmuebles, simulacros de evacuación, ubicación de estructuras de contención y desvío, campañas educativas, definición de zonas de alto riesgo, responsabilidad política y social, son sólo algunos de los frentes que deben operar de forma correcta cuando la emergencia así lo requiera.

La prevención es fundamental, y todo el trabajo que alrededor de ella se realice jamás debe caer en el desánimo ni en la rutina, argumentando: “si determinadas circunstancias confluyen, la respuesta de lo planeado será insuficiente”, aunque tal premisa sea verdadera

Todos los valores que se pueden reflejar en el ser humano.

La segunda cuestión, como arriba se planteó, tiene que ver con los valores y el significado de ser humano. En primera instancia, en relación con todos aquellos que hacen frente a la tragedia y luego, con cada persona que de una u otra forma se involucra para ayudar a otros a seguir adelante después de lo sucedido.

Rodear a quien está débil, dar ánimo al que está agobiado, brindar algún medio de subsistencia a quien lo ha perdido todo, construir redes de apoyo para los más afectados.  A veces, sólo un gesto, una sonrisa, una mano amiga, un poco de agua a tiempo, una tienda de campaña para pasar la noche o una manta para protegerse del frío, son hechos que revisten el mayor significado.

La reconstrucción de viviendas, la reparación de las vías o la recuperación de la infraestructura en general, ceden el paso a desafíos más profundos, cuyo objeto consiste en establecer los cimientos sólidos de un futuro realmente mejor.

Cuando la ejecución de las acciones que se requieren con urgencia queda atrás, resulta posible levantar de nuevo la mirada y reconocer la importancia de la empatía o el trabajo en equipo, y la trascendencia de los valores y principios individuales y colectivos como la solidaridad, la justicia, la lealtad y la integridad -promovidos por el Miraísmo® Internacional-, que definen el bien común y la virtud de la sociedad.

Por: Carlos Alberto Baena López

@Baena