América Latina y la corrupción

Ninguna ideología parece inmune al mal. Las principales experiencias social demócratas que se ensayaron en América latina fracasaron, no tanto por las intrigas de la CIA, de la DEA, del FBI o de las voraces multinacionales, sino por la ineficiencia, corrupción y narcovinculos de sus líderes y las cúpulas partidarias. De esos próceres hay pocos presos y muchos escondidos y escapados de la justicia.

En suma, la clase política latinoamericana, al igual que sus colegas de otros continentes, está haciendo bastante por desacreditar la democracia y abrir el sendero para nuevos caudillos autoritarios y bastantes corruptos.

 “La frustración social en muchos países de América Latina es una realidad incuestionable. Es una sensación de fracaso, desamparo, debilidad e inclusive soledad frente algo indefinible, pero muy poderoso: la corrupción y la impunidad.”

En América Latina existe un ambiente y un marco de referencia que genera condiciones propicias para que el fenómeno de la corrupción se produzca. Podemos abordarlo a partir de tres esferas de acción: económica, política y social.

El deseo de obtener una ganancia o una ventaja injustificada; la ausencia de valores éticos; anteponer el interés particular al colectivo o la ausencia de controles internos, prefiguran las condiciones que favorecen la corrupción, ya que sin importar la preocupación de que se atiendan las necesidades de desarrollo y bienestar social, en la parte económica “alguien” busca una gran utilidad monetaria y otros beneficios personales con el deseo de obtener una ganancia o una ventaja injustificada, lo que se conjuga como incentivo perverso, con la impunidad, que hoy día es una preocupación mundial.

En lo político, tenemos carencias o debilidades en el entramado legal institucional, lo que permite que se desenvuelvan los grandes defraudadores, “los pillos”;  y por otra parte, existen grupos de poder que quieren hacer prevalecer su visión y sus intereses sobre la de los demás.

En la parte social, la falta de una educación, los pocos o nulos espacios de participación comunitaria, la desconfianza y escasa solidaridad de la ciudadanía, generan indolencia y apatía en la sociedad.

En el caso de países con democracia, la corrupción puede aumentar por varios factores: desempleo, desigualdad, falta de educación y oportunidades, todos factores que nos encaminan, nuevamente, a la exclusión social.

La frustración social en muchos países de América Latina es una realidad incuestionable. Es una sensación de fracaso, desamparo, debilidad e inclusive soledad frente algo indefinible, pero muy poderoso: la corrupción y la impunidad. Y si la percepción de corrupción es alta, es muy probable que el ciudadano que tiene la posibilidad de participar en un acto ilegal considere que es normal y que seguramente no va a pasar nada si toma la decisión de hacerlo